Partiré canturreando

Partiré canturreando

Mariana Editores

  • $15.00


Vivíamos en la calle Norzagaray para estar cerca de la radioemisora WKAQ entonces localizada en el viejo San Juan. Aquí se originaba el programa Industrias Nativas producido por los Hermanos Córdova Chirino en el cual mi padre, Jacobo, tenía responsabilidades en el área de ventas y también actuaba como locutor. Por esta última razón, había prisa en nuestro pequeño apartamento aquella mañana, creo que de 1938 porque cuando bajábamos por la calle Tanca nos encontramos con una manifestación de Falange Española enarbolando intimidantes banderas con franjas rojas y negras y en su centro la representación de un yugo atravesado por cinco flechas. Luego de los ásperos comentarios entredientes que hizo Jacobo, sobre los cuales solo entendí la palabra imbéciles , decidí posponer todas mis preguntas para una futura ocasión, además, ya estábamos cerca de la emisora a juzgar por la música que podía escucharse desde la acera. En el estudio, un grupo de personas conversaba mientras los músicos terminaban de ensayar un número alegre en el que una señora gritaba bomba . Toda mi atención se había concentrado en el músico de la gorra que raspaba un extraño objeto con algo parecido a un tenedor. Esta acción tenía lugar en las proximidades de su oreja izquierda, como en intimidad; me imagino que así se enteraba primero que nadie si el primitivo sonido del instrumento mantenía respeto por la pieza y proveía amplitud para expresar vuelo artístico, nada fácil de lograr sabiendo que a tu lado otros músicos te juzgan y esperan el momento exacto de iniciar sus pronunciamientos. Era evidente, para un niño, que el mundo de los músicos se guiaba por reglas especiales de conducta porque no se consideraba impropio que en ocasiones, un instrumento se impusiera sobre los otros como si los mandara a callar. Llamaban mi atención, las improvisaciones prolongadas. En cambio, encontraba aburrida la machaca de algunas reiteraciones musicales como recordatorios innecesarios sobre los detalles de un recado. Descubrí que para evitar prisas o tardanzas los músicos mantenían un contacto visual casi continuo. Así aseguraban la fluidez y belleza de los obsequios musicales que ellos repartían, pero me sentí fuera de lugar al observar que los allí presentes incluido mi padre, escuchaban con indiferencia. En el programa Industrias Nativas había una sección titulada La alfombra mágica en la cual los músicos y el locutor se trasladaban imaginariamente a diferentes negocios de la Isla para describir el ambiente, dar a conocer las ofertas comerciales y tocar algunas piezas; una forma ingeniosa de intercalar anuncios sin que el libreto perdiera continuidad. El trabajo del locutor consistía en describir el viaje de la alfombra más o menos de la siguiente manera: Ahora estamos volando sobre el Río la Plata y en la carretera 29 podemos observar que hay una aglomeración de personas frente a la Lechonera de Genaro Aldamuy. Vamos a iniciar nuestro descenso para investigar qué está ocurriendo. Desde aquí parece una celebración con música y podemos ver que hay una buena cantidad de personas haciendo fila para comer, pero lo mejor será entrevistar a Genaro para obtener detalles. En estos momentos hacemos lo posible por acercarnos. No viene al caso, pero como a la hora de recordar todo hay que decirlo, esta primera experiencia musical, combinada con una producción radial que te movilizaba de fiesta en fiesta influyó años después en la selección de una profesión para ganarme la vida y en los juicios utilizados para seleccionar amistades.

ISBN: 9780981741666
Autor: Jaime Córdova
Prólogo: Rafael Scharrón
Editorial: Mariana Editores
Año: 2010
Páginas: 171
Tamaño: 6 X 9
Formato: Libro impreso
Encuadernación: Rústica
Condición: Nuevo
Idioma: Español

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