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El mundo como objeto

El mundo como objeto

Editorial Isla Negra

  • $17.00


Con un lenguaje sugerente colmado de ambigüedad y particularmente expresivo, cuya riqueza lírica nos adentra en el mundo fascinante de la poesía, el yo poético de este libro dirige su mirada hacia elementos cotidianos y lugares comunes de la realidad objetiva. Un discurso diáfano y hábilmente manejado, enlaza al lector con un universo de extraordinaria calidad poética que lo lleva a devorar ansiosamente cada poema para pasar al disfrute del próximo; en estos encontrará versos ágiles, poblados de hermosas e insólitas imágenes, sin cruzar el umbral del hermetismo. El mundo como objeto nos provoca la reflexión sobre el mundo, la búsqueda, la conciencia de ser, la vida, la muerte, la nostálgica presencia en la ausencia de la persona amada, y lo cotidiano en los rieles del tiempo, pero sobre todo, asistimos a la creación de la palabra y del poeta.

Ramonita M. Reyes Rodríguez - Universidad de Puerto Rico

¿Cuántas veces amaste, sin que ese acto tuviera la menor consecuencia? El mundo de este libro pregunta por el sentido de la existencia. Le sucederán otras inquisiciones relativas a la búsqueda de la pureza, como una joya sagrada. Estamos ante un joven poeta que recoge voces de la gran poesía universal. Parece el texto de un escritor de mayor edad de la que tiene Marcelo Morales en esta existencia. Es la voz del que entra en un sendero ascendente y se inicia en la contemplación de lo que aún siente ajeno. Le inquieta la idea de la eternidad, ese desconocido y atrayente círculo de vida constante, su centro. Y fuera de él, la obsesión del tiempo, las aguas del río de Heráclito que no pisarás dos veces o de la lluvia que nutre los ríos de este poema, las famosas tres heridas. El reflejo de su rostro, sus manos, sus cabellos, su camisa, sus papeles que chocan en el espejo es la muestra de la vida breve, de la soledad, del amor y su intimidad, que es peligroso como la muerte: Pronto pasarán otros cien años /y el viento/igual que hoy alzará esas hojas./ Entonces no estaremos. (...) Todo amor vendrá a olvidarse/todo cuanto bajo tierra hay/todo cuanto bajo cielo. Los objetos le resultan absurdos: mesa, silla, plato, vaso, taza, pan, migajas, utensilios para la alimentación. La arquitectura que le rodea, los balcones, los puentes, la ventana, la ciudad y la habanera calle Obispo son elementos de la cotidianidad agobiante. El tedio de los objetos comunes le rinde soledad. Sólo aquellos de la amada, sus libros, sus poemas, su creyón de labios y sus ojos le remiten a la alegría. El recuerdo persistente de la amada y su belleza es parte de lo más prístino posible de alcanzar, o de lo intangible, el perfume y el sonido de las flores, el principio de la vibración de todas las cosas. La crueldad de la vida es la ausencia de la belleza. En este mundo impera la presencia del abandono, la inmovilidad. Más que miedo, hay un confeso terror al vacío, a la muerte, a la rota vida limitada, atrapada. Marcado en su juventud por la tristeza y el pesimismo, los pájaros, el cisne, los momentos fugaces se le mueren en las manos. Aún así, intenta estar sereno entre la luz y la oscuridad. Este es un libro de una inquietante búsqueda espiritual, de lo divino, de la transformación del ser. Estos poemas, breves en su mayoría, recuerdan la sencilla y profunda visión filosófica de la poesía del lejano oriente. La vía entre la negación y la realización de la trascendencia, la sugerida reencarnación transitan por sus versos: El día que yo muera habré sabido/(al menos por una vida)/que fuera de la muerte existe/algo grande, incorruptible,/con flores creciendo en el espacio y movimientos astrales./Habré sabido que hay un cielo. Un infinito./Un infinito que abarca todo, incluso,/el color de sus ojos. Todos los elementos del cambio que constituyen la naturaleza de la existencia están presentes, agua, fuego, aire, tierra. Conforman la danza de los astros que el poeta ve mientras transita por lugares que le resultan extraños. Circula por la ciudad y por el reducido espacio de su casa mientras observa la temporalidad de los objetos tan ajenos que le rodean. El mundo como objeto ofrece la lectura de una meditación sobre la impermanencia, su aprendizaje, y la lucha entre la aspiración espiritual y lo concreto que se derrumba, los objetos que perecen. El poeta es el espectador de lo que transcurre. El elemento poético le eleva y le rescata de la desubicación en un mundo imperfecto atado a los sistemas humanos establecidos. Logra lo que se propone: transformar el dolor en arte. Miedo y magia, rebelión ante lo inexpugnable, lo aparentemente irremediable, conviven en esta travesía por un pensamiento y lenguaje poético de importancia indiscutible entre las destacadas voces de la contemporaneidad de Cuba y nuestro Caribe. El entregado oficio de escritor de Marcelo Morales le revela las huellas de su búsqueda, su silencio, y el ojo que espera anhelante el mayor premio: la sabiduría.

Etnairis Rivera - Universidad de Puerto Rico

ISBN: 1932271589
Autor: Marcelo Morales
Editorial: Editorial Isla Negra
Año: 2006
Páginas: 80
Tamaño: 6 X 9
Encuadernación: Rústica
Condición: Nuevo

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